La llamita oculta

Existe siempre durante el acto de leer un momento, intenso y plácido a la vez, en el que la lectura se trasciende a sí misma, y en el que, por distintos caminos, el lector, descubriéndose en lo que lee, abandona el libro y se queda absorto en la parte ignorada de su propio ser que la lectura le ha revelado: desde cualquier punto, próximo o remoto, del tiempo o del espacio, lo escrito llega para avivar la llamita oculta de algo que, sin él saberlo tal vez, ardía ya en el lector. Juan José Saer

jueves, 4 de marzo de 2010

Rastrear qué queda del maltratado humano germen, y reanimarlo, que flote hasta vaciarse.

Bajo el aspecto vaciarnos
de cuanto sea amar lo amable,

de vergüenzas por faltas,
linsonjas por aciertos,

de tentarse, exaltarse, abatirse,
como libres atributos de una índole,

de ardides de la escasez: masticar
con violencia para engañar el hambre,

de ficciones de dominio: la mirada
rígida, barbilla que ordena;

vaciándonos, que nuestros
deseos y apegos detengan su girar,
nada que conmueva
este desabrimiento, amarillez
de plantas que se acedan,

y no obstante, vaciedad
a la espera de su propia consución,
para rehacernos,
inspirando
profundo, hasta los talones,
y zambullirse,
rastrear qué queda
del maltratado humano germen,
y reanimarlo,
que flote
hasta vaciarse.

Alberto Girri (1919-1921, Buenos Aires)

Trama de conflictos, Alberto Girri, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1988

La vida, está llena de interés. Va, viene... como las cebras.

PRECISIONES SOBRE LA VIDA
(a mis hijos)


La vida depende de diversas cosas
En un sentido, no se discute
Pero uno no puede siempre cambiar de sentido
Porque nada es tan interesante como una discusión.

La vida, es bella y grande.
Comporta fases alternadas
Con una prodigiosa regularidad
Porque a una fase la sigue siempre otra
La vida, está llena de interés.
Va, viene... como las cebras.

Puede suceder morir -mismo, es seguro
que suceda-
Pero sin embargo, eso no cambia nada:
La vida depende de diversas cosas
Y por ciertos lados, además,
Se vincula a otros fenómenos
Todavía mal estudiados, mal conocidos,
Sobre los cuales no insistiremos.

Boris Vian

No se trata de flores ni de gatos sino de tantear piedras, ver si alguna es la filosofal de toque para cambiar nuestro mundo

Tras la llave


¿Quién va? ¿Quién anda?
Díganme quién es y de dónde va a dónde
ese que ante mi puerta pasa a
ser feliz o inmensamente
andar entre los que no aciertan una.

Pregunto e insisto porque anda ese hombre
con la lengua afuera por cansancio y sed
y yo corro igual ante espejismos. Buscamos
lo que jamás de los jamases, pero.

Esto es porque andamos
de modo picaflor en flores mientras
los gatos acechan. Miento,
no se trata de flores ni de gatos
sino de tantear piedras, ver si alguna
es la filosofal de toque para
cambiar nuestro mundo.
Y es mejor no decir más porque estamos
golpeando puertas del horizonte
con la cabeza y nos rebota, pelota,
sin que podamos agarrar la llave.


Jorge Leonidas Escudero

miércoles, 3 de marzo de 2010

Amiga raña, no me insulte

Telaraña I

Sentado en la penumbra
hombre inmóvil estaba cuando
una raña desde techo habló así:
¿Questás haciendo ahí vago de eme
con esa cara de aburrimiento? Tendrías
haber tejido tela y paciente
cazar alimento como yo.

El hombre contestó: Amiga raña,
no me insulte
yo tejí telahumana que no se ve y
espero aquí
cazar un pensamiento que alimente
mi esperanza de conocer lo desconocido.

La intrusa calló boca e hizo
con las patas
un estremecimiento en su telaraña
como diciendo estás loco.


Jorge Leonidas Escudero

Sensato como todas las cosas que desde su centro aguardan la disolución de sí mismas

EL SAPO

Al pie del agua de un verde inmóvil
había un sapo que dulcemente vi
hace tiempo, en un verano,
y su forma contenía un posible mundo
desconocido, quizás semejante
a los vastos cielos de diciembre.
Pero el cielo mismo no se comprende en absoluto.
Estaba allí, reposado en la placidez
de su propia y espesa materia palpitante,
sensato como todas las cosas
que desde su centro aguardan
la disolución de sí mismas.
Me detuve y logré
alcanzar sus ojos con los míos
y pensé que, sin duda,
la perplejidad de ser estaba superada.
Consideré inútil otro
conocimiento. El sapo alcanzaba
una región más vasta,
no extraña precisamente sino
ajena, una manera
de sobrevivir lo exactamente necesario
Precipitado, aventurado a la existencia,
como un sapo simplemente, más allá
de la belleza
que da paz o enloquece a los hombres
el único significado de todo eso
era la tranquila complacencia
de la húmeda piel verdosa,
visitando a un dios obstinado
en la razón secreta de sí mismo.
Me inundó un colmado sosiego
y desmentí
la naúsea y la muchedumbre de sabios
que desde Thales de Mileto
inclinan hacia el error
el tumulto precipitado bajo la frente.
Ante esa vana fatiga
permanecía idéntico a sí mismo
e infatigable además
el sapo que dulcemente vi
hace tiempo, en un verano.


Joaquín O. Gianuzzi

Hacen lo que hacen sin saber que lo hacen

Hormigas

Miremos las hormigas.
Siempre mueven las patas
de acuerdo a cómo les han dicho,
no se paran a preguntar qué,
simplemente obedecen órdenes.

A ninguna se le escurre de la cabeza
una idea que no venga de la invisible
jefatura.
Sería simple esto pero
si usté cree que ellas admiten la esclavitú
se equivoca. Piense y verá que a las hormigas
no las castiga conciencia alguna,
ellas no se humillan,
hacen lo que hacen sin saber que lo hacen.

E a una hormiga se parece el hombre
cuando bedece a otro que ostenta
mando absoluto. Pero la diferencia
es quel hombre frente al que dicta
camina humilladamente retrocediendo,
haciendo reverencias para evitar castigo.
¿Es triste?


Jorge Leonidas Escudero

¿Por qué se despiden así, con las patitas hacia arriba?

Puede ser


Cucaracha patitas hacia arriba
para andar lo último en el aire.
Las movía y después no, alternativa-
mente intentaba en vano salvarse pero
ya había visto otros casos y todas morían.

Hasta quedar tiesa por envenenamiento
y me dije:
Este asunto es más serio de lo que parece,
¿por qué se despiden así,
con las patitas hacia arriba?

Ntonces pensé: ¿No será
que llegaron desde algún más allá
y cuando se están muriendo intentan
trepar cielo volver
a su lejanísimo país originario?


Jorge Leonidas Escudero